La fundación

Los Fundadores

El matrimonio formado por D.Guillermo Barandiarán y Dña.  Mª Victoria Gondra,  firmaron durante el año 1989 y ante notario,  una escritura de constitución de la Fundación que llevaría sus apellidos,  acto motivado por los firmes principios que mantuvieron durante toda su vida,  y proyectando juntos una Fundación destinada al beneficio de la sociedad y a sus generaciones futuras, en beneficio de todos los hombres y mujeres del país, especialmente del País Vasco y Navarra.

Los dos estaban profundamente convencidos de que sólo quien recoge su pasado, lo conserva y lo adapta a las nuevas condiciones actuales y venideras, logrando dar una auténtica continuidad a su personalidad histórica y colectiva y generar así  un auténtico proceso de innovación permanente, imprescindible para la regeneración y el desarrollo social, tanto en los planos religiosos y de valores morales,  en el ético  y estético, como en lo económico y social.

En los estatutos se refleja su labor en pro de la cultura,  de la conservación del Patrimonio Artístico en general y en particular del País Vasco y Navarra, y sobre todo,  en que buena parte de sus fondos sean destinados a una obra asistencial dirigida al acogimiento de las personas mayores que se hallen en  precario y en soledad.

Como bien se ve en su biografía, D. Guillermo Barandiarán dedicó su vida al trabajo en el ámbito financiero e industrial, y  Dña. Mª Victoria Gondra a la elaboración y edición de libros siempre orientados a pequeñas poblaciones del País Vasco cercanas a su querida “Villa Palmira”, en Axpe de Busturia, monografías muy documentadas que todavía hoy son libros de consulta para estudiosos y docentes.

FGB.FUNDADORES EN SALZBURGO

Como reconocimiento a su trabajo histórico y cultural sobre las anteiglesias de Busturialdea,  en 1982, Dña.  Mª Victoria Gondra  fue investida por la Sociedad Bascongada de los Amigos del País  como Primer Socio de Número Femenino, en reconocimiento a su gran labor y  a la tácita incorporación de la mujer al mundo de la cultura.

D. Guillermo Barandiarán, en su aportación al mundo financiero, participó en las negociaciones para la fusión de los dos grandes bancos vascos, en aquellos momentos BB y BV,  hasta que con la incorporación de Argentaria se convirtió en BBVA, hoy en día un gigante español y europeo, pero siempre prefirió dedicarse a la industria, a fabricar productos sencillos pero necesarios, así que durante su vida laboral fabricó tabiques (Tabiques y Divisiones,S.A.), perfiles, (Perfil en Frío, S.A.), abonos (Nitratos de Castilla,S.A.), tableros, (Tafisa),  postes de transporte de energía, (Postes Nervión,S.A.), huertas solares y aereogeneradores (Elecnor,S.A.),  tubos sin soldadura (Tubos Reunidos,S.A.) y en sus últimos días antes de jubilarse, satélites!! (Deimos Space).

Siempre recordaba con una sonrisa su primer trabajo en España, en la siderúrgica  Basconia,S.A., sobre todo cuando rememoraba el miedo que le hacía pasar el Director Financiero, D:Manuel Solaeche,  cada vez que le pedía dinero para una nueva línea de producción;  era tan duro negociador que siempre tenía que volver a pedirle más porque ajustaba demasiado el presupuesto, así que pasaba por el mal trago dos veces.

Juntos recorrieron el mundo, casi siempre por motivos laborales, y siempre traían consigo nuevas experiencias y recuerdos útiles de todo lo que veían y que luego aplicaban a sus vidas cotidianas. Sus “souvenirs” eran soluciones sencillas como cuando compraron su primera casa ya como matrimonio en el Ensanche de Bilbao, que además de la vivienda adquirieron también una lonja comercial para guardar el coche. Más tarde entendimos que a su reciente vuelta de su trabajo en la General Electric Co. De Schenectady (New Cork 1952)) ya vieron las ventajas de guardar el vehículo debajo de la vivienda cuando todavía no estaba generalizada la construcción de garajes en los edificios.

Dña. Mª Victoria Gondra era una trabajadora incansable, negándose en redondo a ser una “ama de casa” al uso. Leyó incontables libros de historia del País Vasco en su importante biblioteca familiar, donada íntegramente a la Universidad De Deusto en 2010 (Biblioteca de un Caballero Encantado). Con todos sus conocimientos y dudas, publicó Monografías sobre los pueblos que había recorrido en su juventud, siempre alrededor de Busturia, el lugar de su infancia y juventud. Visitó castros, lugares, preguntó a lugareños,  consultó archivos y bibliotecas;  nunca dejaba un dato sin confirmar, y todo lo plasmaba en sus libros.

Y los dos eran profundamente religiosos, así que su Fundación estaba abocada a estos fines, a la cultura, al trabajo, y sobre todo a su gran preocupación, a que toda persona mayor nunca pasara necesidad y sobre todo, que nunca estuviera sola. Con el tiempo sus preocupaciones se ampliaron a la infancia desarraigada,  a los discapacitados, a los pobres, en fin, a casi todo a lo que todo el mundo intenta no ver, que siempre habrá colectivos desfavorecidos e indefensos que necesitan la ayuda de todos.

TESTIMONIOS

MARÍA JESÚS CAVA MESA
SONSOLES DIEZ DE RIVERA Y DE ICAZA

Conocí a Guillermo, el verano antes de que falleciera su mujer, en la Semana Grande de Bilbao en una cena en la que estaba junto con Mariví.

Ya no lo volví a ver hasta después del fallecimiento de su esposa en que lo llamé para darle el pésame, y a partir de ahí nos vimos con bastante frecuencia cuando venía a Madrid.

Compartí muchas de sus aficiones, la música, la encuadernación, y por extensión de ésta los libros, el teatro, etc.

Estuvo mucho tiempo muy afectado por la muerte de Mariví, a la que admiraba, como también admiraba muchísimo a su suegro, que fue el que le inculcó el amor a los libros, ya que tenía una biblioteca muy importante que Guillermo amplió con libros que mandaba encuadernar por los encuadernadores que cada año ganaban el gran premio de encuadernación, lo sé porque a varios encuadernadores le acompañé yo, ya que al encuadernar yo estaba al tanto de quienes eran los mejores.

Varios años estuvimos abonados a Ibermúsica en el Auditorio de Madrid, y disfrutaba con la música, ya que luego en la cena de los conciertos, discutíamos si las distintas interpretaciones nos habían parecido bien, o recordábamos otras mejores.

Siempre lo encontré dispuesto a ayudar muy por encima de lo que se esperaba de él.

Cuando me hice cargo del puesto del Restaurante del Rastrillo, me recomendó a muchísimas empresas que me donaron gratuitamente muchas cosas que necesitaba, y si no conocíamos a nadie para ciertas cosas, acudía él mismo con su enorme generosidad.

Disfrutaba con la conversación y sabía escuchar, por lo que era un amigo entrañable que siempre estaba dispuesto a  ofrecer un consejo desinteresado.

Lo recuerdo como un gran amigo al que tuve la suerte de conocer en un momento muy bajo de mi vida, y que me ayudó, a pesar de que él mismo acababa de perder a su mujer.

Disfrutaba de la vida, los viajes, la literatura, la música, el teatro, las exposiciones, para todo ello era un compañero excepcional.

Hoy en día lo recuerdo con mucho cariño, y me falta su voz al teléfono, para leerle un artículo de toros que había escrito yo, o los menús de mi puesto del rastrillo.

Solo tengo una crítica para él, no era nada aficionado a los toros, a los que yo lo soy mucho, aunque iba de cuando en cuando en la Semana Grande de Bilbao.

En resumen he tenido la gran suerte de haber conocido y disfrutado de un verdadero gran amigo.

PEDRO DE ABÁSOLO, PRESIDENTE DE TUBOS REUNIDOS S.A.

Mi primer contacto con D. Guillermo Barandiarán, fue por razones profesionales. Este tuvo lugar en 1990, año de mi incorporación al Consejo de T.R., al que el ya pertenecía. A los dos años, fui nombrado Presidente.

Ahí comencé a relacionarme con D. Guillermo Barandiarán. Estuvimos sentados juntos en la mesa del Consejo hasta su jubilación, estableciendo una relación tanto profesional como personal, que se mantuvo hasta su fallecimiento.

Descubrí quien era D. Guillermo Barandiarán, un caballero en todos los órdenes de la vida.

Una persona con fuertes convicciones personales, que se reflejaba en su forma de ser y en sus ideas, que las defendía de manera clara, firme y contundente.

Fue un gran defensor de la Industria y la las Empresas. Creía firmemente en su desarrollo y en la función social que desarrollan. Sus aportaciones a los planes de inversión que se planteaban y a las medidas de crecimiento, eran defendidas con vehemencia y firmeza. Era un firme aliado del equipo Directivo.

Le conocí también en los viajes, que el Consejo realizaba periódicamente, donde se manifestaban sus aficiones musicales y deportivas. Su alegría y su caballerosidad eran una referencia para todos nosotros.

Como Presidente de T.R., siempre me abrió las puertas de su casa para consultarle mis preocupaciones,  recibiendo sus propuestas y respuestas medidas y sensatas. Por eso recurría a él habitualmente.

En definitiva una buena y gran persona, que será recordada siempre por todos los que hemos sido sus amigos.

ANÓNIMO

Guillermo Barandiaran ha sido “un hombre de bien”. Quiso y admiró a su mujer y mantuvo una estrecha y cariñosa relación con sus suegros a los que atendió durante toda su vida.

Eran muchas sus aficiones: el mar, la naturaleza, los deportes. ….. le gustaba el teatro y entusiasmaba la música. Supo ser un gran compañero de viaje cuando, ya viudo, se unió a un grupo de amigos para asistir a los festivales de Salzsburgo .

Tuvo especial   predilección por Fernando Gondra, su suegro, que le introdujo en la afición por los libros antiguos, lo que le llevó a continuar y completar las encuadernaciones de su magnífica biblioteca.

Hombre profundamente religioso, patriota y enamorado de su tierra fue recto en su proceder y muy generoso con todo tipo de necesidades.

La decisión que junto a Marivi su mujer habían tomado de apoyar la beneficencia y la cultura, la hizo realidad creando la Fundación Gondra- Barandiaran, desde la que se ayuda a múltiples instituciones. Guillermo evitó y hasta pidió en ocasiones se omitiera su nombre y el de su organización, procurando que su mano derecha no supiera lo que daba con la izquierda.

Eva Carrión

Conocí a Mª Victoria Gondra en los años ochenta y colaboré con ella en su labor de búsqueda cultural por Busturialdea durante los siguientes 5 años, visitando castros, dólmenes, caserías antiguas y sobre todo, hablando con sus dueños, preguntando, fotografiando e indagando sobre sus orígenes e historias.

Era una mujer fuerte, segura de sí misma y valiente, hoy en día diríamos de ella que era “una chica guerrera”; estaba segura de lo que quería y cómo lo quería. Pero todo cambiaba al terminar el trabajo; su familia era su vida, sus padres, a los que cuidó hasta el último día;  su marido Guillermo, siempre juntos, siempre unidos, siempre a la vez. Y sobre todo, era muy generosa con todo el que se acercaba y le contaba una dificultad médica o económica que desaparecía en cuanto ella tomaba partido. He visto cómo personalmente compraba comida para personas desfavorecidas,  una furgoneta para transportar enfermos, sus  generosas colaboraciones con los niños necesitados, becas para que estudiara un chico que no podía pagarse la carrera, cómo se ocupaba de la operación quirúrgica de un enfermo,  enviar a chicos y chicas a Inglaterra a estudiar inglés… no había necesidad a la que no atendiera.

Creo que por ese motivo el matrimonio Gondra Barandiarán creó la Fundación que hoy lleva su nombre, para seguir haciendo el bien aunque ellos ya no puedan hacerlo personalmente. Gracias, en nombre de todos los que  en el futuro recibirán su ayuda, muchísimas gracias a los dos.

CLOTILDE OLARAN

No sé, si como dice mi querido amigo Elías, existe el Destino. Pudiera ser. Si, sin embargo es seguro que existe el azar, y azar y destino, me dirán algunos, van unidos.

Azar fue conocer a Mariví Gondra. Suerte también. Pena, el poco tiempo que tuve ocasión de tratarle. En sólo tres meses, trabamos gran amistad. Lo que se inició como una relación meramente profesional, pronto se convirtió en algo diferente, más íntimo. Largas conversaciones sobre inquietudes comunes, gustos afines y divagaciones sobre variados aspectos de la vida y de las costumbres que nos acompañan.

La diferencia de edad no fue obstáculo para una comprensión mutua, Y es que, entender a Mariví, me resultaba apasionadamente sencillo. Supongo que justo lo contrario de lo que le podía ocurrir con algunas personas de su entorno, en el que sin lugar a dudas, en ocasiones tenía que resultar cuando menos, extraña. Y es que extraña es, para los tiempos que corren, encontrar a personas singulares. Los hobbies, las apetencias e inquietudes de Mariví, eran bien diferentes a aquéllos que ocupan hoy a la mayoría de la sociedad.

Su actitud, rebosante de satisfacción cuando la conversación derivaba hacia las incógnitas históricas, a la necesidad de interpretarlas, me daba a entender, que me encontraba ante una persona que hizo de su vida una búsqueda constante. Crítica, observadora, culta, interpretativa, inquieta y tenaz.

Mariví conjugaba perfectamente estos valores con una profundidad de espíritu y escondía una gran bondad.

Para mi fue como una caja de sorpresas. Entró a formar parte de mi vida en un momento, en que la sensación de desánimo e incomprensión en el desarrollo de mi carrera, me obligaba a ver los valores actuales de la sociedad con cierto escepticismo.

Poder hablar del arte de la encuadernación, deleitarnos con disertaciones de carácter bibliográfico, examinar y comentar ejemplares bibliográficos, juzgar los mínimos detalles de la composición de alguna pieza bibliográfica, de la Historia de la Imprenta, de libreros y librerías, con alguien de aquí, resultaba realmente una sorpresa.

Por lo menos no resulta lo habitual.  Y es que la cultura, o  lo que se entienda por tal actualmente, sigue otros derroteros; se olvida de que la materialización en forma impresa del quehacer humano, tiene su sitio, de que el libro es importante, de que es vehículo de cultura. Tanto más se olvida de que como objeto, el libro también simboliza y refleja unos valores, unas actitudes, una mentalidad y como tal, representa para cada época el valor social que se le ha dado.

Poder hablar de ello, comentarlo resultaba para mi, una inyección de aliento. Cerca de nosotras y de nuestras conversaciones, allá al otro lado del cristal, rugían las grúas, los hornos, la fuerza motriz de nuestra economía. Nosotras, olvidadas de ello, nos entreteníamos en detalles de libros, que resultaban el mejor reflejo del acontecer de otros tiempo.

Las discusiones, apenas si surgieron, eran más de tipo escolástico. Respecto al método histórico quizás. Ella, más centrada en el trabajo de campo, yo, siguiendo uno cánones más academicistas.

La amistad se extendió a nuestros familiares más queridos y allegados, y , puesto que los homenajes, a los que se nos han ido, a esas personas que tanto queremos y que tanta huella nos dejan, no les dicen nada, valga éste para alguien que se queda: Guillermo. Tú hiciste posible que Mariví fuera lo que fue, que pudiera dedicar parte de su tiempo a las investigaciones  que nos dejara como legado los libros editados.

Y es  cuando escribo estas líneas, cuando se me agudiza el dolor por su pérdida. Tantos proyectos sin acabar, tantas ideas que nacían para trabajar juntas, tantos ratos que ya no vuelven… Pero se recuerdan. Sus frases están clavadas en mi interior, sus apreciaciones  y valoraciones también.

El valor que demostró en vida, tendrá su continuación, sus continuaciones. Su hueco siempre estará presente, llenarlo no es fácil, no es difícil, es imposible.

A nadie se sustituye, aunque se diga que nadie es insustituible. Se dice por decir, sin pensar como tantas otras cosas. Porque pensar, querer hacer, buscar, insistir, soñar, seguir adelante frente a las dificultades, superarlas, entender o querer entender, leer, reflexionar y concluir, no lo hacen todos los humanos.

Algunos sí y entre ellos, Mariví, estaba tú.

ELIAS AMEZAGA

Dígase lo que se quiera el Destino existe. Llámese Dios o acaso. Y cambia el orden del mundo, rompe sus esquemas, deshace proyectos, trunca trayectorias. Para bien o para mal. No está en nuestro ánimo juzgarlo sino aceptarlo por ineludible, obrar como si no existiera, y sea lo que Dios o el Acaso quiera hacer con nosotros.

Pero semejante realidad no deja, por eso mismo, de asustarnos y permítasenos quejar con el grito más profundo salido de las entrañas. De apelar una y otra vez a ese Destino traidor, falaz e injusto en la mayoría de los casos.

Cuando alguien se va, y más de súbito, uno reflexiona y se pregunta la causa. ¿Por qué?, ¿Y  por qué él?. Y esté o no a su alcance la causa, duélese al hacer una especie de balance final, máxime cuando el ido tenía las manos llenas de cosas. ¿Por qué?, ¿Por qué él y no yo?  Podría uno preguntarse en la intimidad, como impugnando ese hecho que ya no tiene sentido.

Porque siempre es lo mismo. Se nos van los mejores  y sin avisar como si les llamaran con fuerza de otra parte. Tan sin salida es la muerte como la pérdida de las cosas. Y esto mismo podría ser un consuelo. Para el que lo tuvo. No para los demás.  No para los que echaron de menos la pérdida de Mª Victoria Gondra, investigadora, con las manos llenas de cosas y la mente henchida de proyectos a la que se le arrebató el tener, pero  no pudo quitársele el haber tenido.

Y aquí es adónde se dirigen estas líneas, bien que el escozor de la herida me roa por dentro.

Yo la conocí. Como por si acaso. Guiado por la común amiga de ambos, en este caso concreto la joven directora de la Biblioteca Provincial de Vizcaya, Clotilde Olaran. En un lugar público, frente al mar. Y me pareció una dama con luz propia, ojos estallantes de fuego. Morena y no rubia según la conocía de fotos. Y tras de revivir comunes recuerdos proyectamos acciones para el provenir.

La promesa de que haríamos juntos un reportaje sobre el Padre Arrupe, su tío, al que iba por entonces a visitar por el delicado estado de salud del jesuita, que sería su postrer visita. ¡Y vaya si lo fue!. Todavía me hizo llegar su biografía con esta dedicatoria: “El tío Pedro fue un vasco universal, me encantaría Elías que lo conozcas a través de este libro”.

Ya lo creo que fue un vasco internacional. Pero yo ahora de quien trato es de María Victoria. También se puede alcanzar la internacionalidad a través de lo local, de pintar las costumbres de un pueblo, el suyo, reflejarlo en una época concreta o aflorar datos de su ayer, todos los pueblos tienen un ayer misterioso que jamás acaba por descubrirse del todo.

Tampoco se trata de universalidad. Cada uno de nosotros lo somos para el Dios que nos juzga. Y no existe mayor universalidad que la de conocer lo simple, aquello que nos conduzca a los orígenes de nuestra raza, que es en el fondo lo que Mª Victoria Gondra quiso indagar.

Y yo supongo que a la hora del balance, el de la investigadora en cuestión, es positivo. Muy. Como persona y en su proyección escritural.

Como persona de una individualidad distinguible a simple vista del resto de las mujeres de su específica condición. Como ser espiritual siempre prevenida con las alcuzas llenas de aceite, como las Vírgenes del Evangelio, para encender al punto que el Esposo aparezca en la noche. Hija sola, madre sin hijos, esposa que siguió a su esposo, al de la tierra, por medio mundo. Y lo hizo cuando viajar suponía una aventura, se pugnaba por bordear las cúspides y se veían peligrosamente próximos a los hombres.

Inquieta por conocer, por comparar lo suyo con lo ajeno, por relacionarse con las personas que pudieran facilitar el conocimiento de cada pueblo. Le interesó el arte, la religión, la ciencia, el modo de vivir de cada comunidad, la forma de ser de sus indígenas, aprendía de todos y cada uno de los seres que conocía.

María Victoria echaba mucho de menos a su País, su pequeño país con vistas al mar. “Esto es lo nuestro”.  Así respondería al Destino esta mujer. Y se dedicó a trabajar aquí. Sobre las cosas de casa. Y archivó sus fuentes y correspondencia al exterior así como aquella serie de reportajes que publicaría en prensa de una bilbaína por el mundo.

A continuación va a recorrer paso a paso lo suyo, lo pequeño, lo familiar, lo anónimo, allá donde falta un historiador. Ahora va de caserío en caserío, conoce o desentraña el lenguaje de los escudos, de las cruces, de las lápidas, de las torres desmochadas, camina por entre ruinas a las que pone en pie con su imaginación,  esa Busturia como ella de espíritu peregrino, mirando al Cantábrico, asomándose al resto del mundo. Y la Guernica de nuestras libertades, y Luno, y Forua, y Mundana, y hasta la ledanía de Axanguiz, la última en el tiempo.

María Victoria tiene mucho de investigadora y algo de detective, me lo sugiere su esposo, virtud que indudablemente ayuda para este tipo de indagación. Es un espíritu observador, una mente despejada de ideas claras. En todo tiempo vive en investigador. Prefiere llenarse de vivencias, conocer gentes de todas las sociedades, se da a querer de los sencillos. Les da confianza.  En seguida le cuentan sus cuitas. María Victoria lleva consigo su agenda y anota. Su vida se mueve por constantes transcendentales, Dios, la Ciencia, su Pueblo, la Historia, el Hombre. Ama a su País Vasco con el amor que da el conocimiento del que lo recorre palmo a palmo, sus barrios, sus anteiglesias. En uno de esos pueblos le darán un homenaje por darles a conocer su propia historia.

María Victoria ataca la historia por el lado de lo pequeño, de lo simple, del inicio de las cosas, de abajo-arriba, por medio de las monografías, como diciéndonos: “Para que comprendáis lo grande deberéis antes pasar por lo minúsculo, nadie creció que antes no naciera”, Y aquí a los orígenes acude la investigadora, orígenes que tiene algo de  tuyo y mío, de familiar, y mucho de entrañable para lo que como ella nos sentimos orgullosos de nuestra procedencia vasca.

Este es el caso, pues de una escritora que se hizo a si misma, como Lazúrtegui, su pariente, dentro de una biblioteca. Que leyó, aprendió, quiso ampliar sus saberes in situ y salir al campo, primero a comprobar la exactitud de lo escrito en los libros, después a ampliar la noticia. Y luego ya en plena luz se contagió de sol y de color y de aire puro, las piedras le hicieron vibrar, según confesaría a Enrique Ybarra, y las gentes le abrían su corazón.

Y es como se fuera componiendo un rompecabezas o poniendo en pie un nacimiento cuyas piezas están por los suelos. La autora restituye cada cosa a su sitio. Por una vertiente sube a las cumbres o asoma a las cuevas, por la otra a lo largo y ancho de las genealogías. Es el suyo un paseo por los pueblos. Un paseo por trochas y veredas y aún caminos reales y otro por los archivos de bibliotecas. Y si se me apura un tercero poniéndose a dialogar con los que encuentra en su camino. Y no contenta con esto se introduce en las familias, nos da a conocer a los individuos, quiénes eran, qué hacían, de qué tronco procedían. Y viene a consignarnos lo que se ha escrito sobre el lugar de su monografía. En la referida Busturia que es la del presente estudio,  reconoce su autora que hoy corresponde a una sociedad industrializada, pero que no olvida su ayer, y así mantiene la tradición de sus ancestros cultivando sus heredades, al menos en sus horas libres, “fruto de la iniciativa de esa raza, que buscó su porvenir cruzando los mares, pero que siempre guardó la añoranza de la tierra que les vio nacer”.

Y algo me admira en particular en tratándose de nuestra investigadora. Que no se conforma con lo hecho. Que siga desenterrando datos. Que con ayuda de lo sensores dirigidos desde el aire confirme la existencia de un castro capaz de albergar a tantos como a 150 personas, que nos conduzca hasta las cuevas de Santimamiñe, que rehaga pieza a pieza su propia obra en una novísima versión que por desgracia va a convertirse  en póstuma.

En esta segunda versión se decanta por lo concreto de aclarar su opinión en casos que antes se le antojaban escurridizos. El tiempo y la maduración del tema le permiten dejar su propia impronta a la hora de decidirse entre varias hipótesis de un hecho histórico. En esta segunda versión añade un capítulo dedicado a la economía, de qué vivían aquellas gentes. Entre las observaciones, que en Busturia, cabeza de pueblos en las Juntas Generales, el recuerdo de los señores aparece por doquier así como los linajes más antiguos ya citados por García Salazar.

Resúmenos María Victoria que nuestra historia vizcaína presente lagunas seculares “y solo a base de profundizar en los mensajes escritos en las tradiciones y en los testimonios residuales de la tierra, recorriéndola a fondo, hasta el último rincón, podremos poco a poco caminar hacia esa ansiada verdad de nuestros orígenes.

MARQUÉS DE SAUCEDA

MARQUÉS DE SAUCEDA

Guillermo Barandiarán fue un notable Ingeniero Industrial y un muy destacado empresario. Formó parte del Consejo de Administración de Importantes Sociedades Financieras e Industriales.

Perteneció al grupo que fundamos Elecnor en el año 1958. Desde el principio y durante más de cincuenta años, integramos su Consejo de Administración y, con motivo de sus periódicas y numerosas reuniones, conservamos un contacto que mantuvo y aumentó nuestra siempre buena amistad.

Lamenté profundamente su desaparición y guardo de Guillermo un grande y cariñoso recuerdo.

Cristóbal González de Aguilar. Marqués de Sauceda.

JOSE ANGEL SÁNCHEZ ASIAÍN

PRESIDENTE DE HONOR FUNDACION BBVA

 

Guillermo Barandiarán fue miembro del Consejo de Administración del Banco de Bilbao, y posteriormente del BBV hasta su jubilación, años en los que yo era Presidente de la entidad. Aportó su visión de Ingeniero Industrial a un entorno entonces formado mayoritariamente por economistas. Pero por encima de todos sus conocimientos y experiencia, lo que más nos enriqueció a todos de él fueron sus magníficas cualidades personales, su caballerosidad, su exquisita sensibilidad, su humanismo, su generosidad.

Era una persona muy sencilla y cercana. A María Antonia, mi mujer, y a mi, nos abrió desde el primer momento los brazos y el corazón. Junto a Mariví trabamos una buena amistad y en su casa siempre encontramos cariño y hospitalidad.

Una vez dejó el Banco, nuestro contacto fue menos frecuente por su conocida discreción. Sus actividades tomaron otros caminos, más filantrópicos y artísticos. Sin embargo, siempre guardaré de él y de Mariví el mejor de los recuerdos.

Jose Angel Sánchez Asiaín – 24.7.2015

Nuestra Misión

asistencial

ASISTENCIAL

En beneficio de todos los hombres y mujeres de la Sociedad Española y, en especial, del País Vasco y Navarra,   prestando acogimiento particular y peculiar a personas mayores solitarias y carentes de bienes.

patrimonio-historico

PATRIMONIO HISTORICO

Plenamente convencidos de que sólo quien recoge, lo conserva y lo adapta a las nuevas condiciones actuales y venideras, logra dar auténtica continuidad a su personalidad histórica y colectiva, imprescindible para el desarrollo social.

cultural

CULTURAL

Promover, desarrollar, proteger y fomentar toda clase de actividades científicas, técnicas, artíticas y culturales.

El patronato

El órgano de gobierno  de la FUNDACION GONDRA BARANDIARÁN será el Patronato, constituido por un Patrono Nato y otros Patronos Electivos. Por indicación directa de los Fundadores, el Patrono Nato siempre será, por razón de su cargo, el Rector de la Universidad de Deusto, o quien según los Estatutos de la propia Universidad, ejerza sus funciones.

Y los Patronos Electivos se integrarán también entre un mínimo de tres y un máximo de ocho miembros y podrán ser miembros tanto las personas físicas como jurídicas.

En la actualidad el Patronato está formado por

  •  D. José Mª Guibert.  Rector de la Universidad de Deusto,  (Patrono nato)
  • D. Guillermo Barandiarán Olleros (Presidente)
  • D. Gabriel de Oraa Gil (Vicepresidente)
  • D. Alfonso Barandiarán Olleros (Vocal)
  • D. Rodrigo Joaquín de Oraa Gil (Vocal)
  • D. José Antonio Alvarez Barriocanal (Secretario)

Volver al inicio

×
×